Juan Marsé, la voz de la posguerra catalana

Juan Marsé, la voz de la posguerra catalana

Miembro de la Escuela de Barcelona, el escritor catalán es una de las grandes figuras de la literatura europea contemporánea.

Escritor de vocación, Juan Marsé ha ido gestando desde los años cincuenta del siglo pasado un mundo narrativo que tiene como epicentro uno de los vecindarios más castizos de Barcelona, el barrio del Guinardó. Las idiosincrasias y penurias de la posguerra y el franquismo, la infancia y el cine, la fricción entre clases sociales y la memoria de los vencidos se entremezclan en un cóctel de realismo fuertemente cargado de ironía y crítica social con el que Marsé nos embriaga en su prolífica carrera literaria, la cual se extiende desde los años más oscuros de la dictadura franquista hasta nuestros días.

Perteneciente a la conocida Generación de los 50, conocidos también como «los niños de la guerra», participa de la corriente denominada como Escuela de Barcelona junto a otros grandes representantes de las letras entre los que se encuentran Juan Goytisolo, Eduardo Mendoza, Terenci Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral o Juan García Hortelano.

Primeros años

Nacido en Barcelona poco antes de la Guerra Civil Española como Juan Faneca Roca, su madre biológica falleció en el parto, quedando huérfano, por lo que fue adoptado por la familia payesa Marsé-Carbó, tomando finalmente esos apellidos. Estudió hasta los trece años, edad con la que comenzó a trabajar en un taller joyero como aprendiz para ayudar a la familia tras el encarcelamiento de su padre por estar asociado a partidos de izquierda catalanista.

Durante la segunda mitad de la década de 1950, sus primeros relatos comenzaron a publicarse en revistas como Ínsula o El Ciervo, sobre todo, gracias a la intermediación de su amiga Paulina Crusat, obteniendo en 1959 el Premio Sésamo de cuentos con el relato Nada para morir, también año en el que dejará de trabajar en el taller joyero. En ese mismo periodo, colaboró en la revista cinematográfica Artcinema, denotando una auténtica pasión por el séptimo arte.

Posteriormente, se trasladó a París siguiendo el consejo de Gil de Biedma, donde trabajó de mozo de laboratorio en el Instituto Pasteur, como profesor y traductor de español, y guionista. Allí conocería al Nobel Jacques-Lucien Monod, compartiendo con él afinidad política, por lo que terminará por afiliarse al PCE.

Mientras tanto, se convierte en finalista del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral en 1961 —premio declarado desierto— con su primera novela, Encerrados con un solo juguete (1960, Seix Barral). Esta obra, que había escrito durante su estancia en Ceuta con motivo del servicio militar, retrata el desencanto de un grupo de jóvenes de la posguerra con la situación en la que les ha tocado vivir tras una guerra que libraron sus padres. Bien considerada por la crítica debido a su objetividad, el propio autor la consideró como una obra «decadente, intimista y subjetiva».

A su regreso a Barcelona en 1962, ya habiendo dejado patente un futuro talento literario, se publicará Esta cara de la luna (1962, Seix Barral). Un texto del que el propio Marsé reniega, eliminado del catálogo de sus obras completas y que centra su acción en la fricciones sociales con la burguesía intelectual.

Sin embargo, con su siguiente trabajo, Últimas tardes con Teresa (1965, Seix Barral), considerada como la primera de sus grandes novelas, consiguió finalmente alzarse con el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral. Una historia de amor entre una rebelde e ingenua chica perteneciente a la burguesía y el Pijoaparte, un charnego de clase baja, desarraigado y ladrón. Definiendo muchos de los aspectos principales del universo de Juan Marsé, terminará siendo adaptada al cine bajo la dirección de Gonzalo Herralde en 1984.

Madurez creativa

El éxito de su último trabajo hace que Juan Marsé termine dedicándose por completo a su labora literaria y periodística en la segunda mitad de la década de 1960, colaborando en diversas publicaciones, trabajando con la publicidad y escribiendo diálogos para cine. Se convierte en redactor jefe de la revista Bocaccio y, ese mismo año, publica La oscura historia de la prima Montse (1970, Seix Barral), una especie de continuación de su novela anterior en la que de nuevo se encuentran dos personajes de mundos opuestos, pero con la dificultad narrativa de la introducción del narrador en primera persona que es testigo de la historia, pero no partícipe de la misma. Obra excelente que, no obstante, no alcanzó mayor repercusión, aunque acabó llevada al cine por Jordi Cardena.

Tres años después, editada en México para esquivar a la censura franquista, aparecerá la que, posiblemente, sea la novela más emblemática del autor: Si te dicen que caí (1973, Novaro). Un relato que esconde una nostálgica despedida de la infancia, donde el Guinardó se va tejiendo de relaciones que traslucen violencia, sexualidad y la crudeza de una posguerra inclemente contra los vencidos y las clases más desfavorecidas. Uno de los recursos más destacados de la obra son las «aventis», narraciones orales que los niños van contándose y que permiten que el lector se sumerja en la realidad del barrio. Ganadora del Premio Internacional de Novela México de 1973, contará también con su adaptación cinematográfica de la mano de Vicente Aranda.

A partir de 1974, colaboró en la revista Por favor a través de una columna y prosiguió con su labor en el mundo del cine como guionista. Cuatro años más tarde, vería la luz su novela La muchacha de las bragas de oro (1978, Planeta), obra con la que obtendría el Premio Planeta de ese año. Sátira reflexión sobre esos personajes muy comprometidos con el franquismo más oscuro y que, al extinguirse el régimen, tratan de adaptar su imagen y «memoria» desde un punto de vista más liberal, también ofrece una perspectiva sobre el propio oficio de escribir. Vicente Aranda llevará el texto al cine en 1980.

Prolífico escritor de vocación

Entre los años ochenta y noventa del siglo pasado, Juan Marsé terminará consagrándose como uno de los creadores más importantes de la literatura española de los últimos años. Su carrera se irá poblando de premios y reconocimientos, así como un peso cada vez más creciente en el mundo del cine y el periodismo.

En la década de 1980, Marsé publicará Un día volveré (1982, Plaza y Janés), el relato sencillo y directo de la conciencia de la derrota y el deseo de revancha de un ex boxeador convertido en atracador de bancos que regresa al barrio tras haber pasado un largo periodo en un penal; Ronda del Guinardó (1984, Plaza y Janés), ganadora del Premio Ciudad de Barcelona, que se apoya en una niña que es empujada por un policía viejo y cansado a reconocer el cadáver de su supuesto violador para configurar una narración que pone el afán de supervivencia ante el dolor y la desgracia humana; La fuga del río Lobo (1985, Destino), cuento infantil en el que un niño inicia la búsqueda del río Lobo; Teniente Bravo (1987, Plaza y Janés) colección de tres relatos breves: Historias de detectivesTeniente Bravo y El fantasma del Cine Roxy; y Señoras y señores (1988, Tusquets), recopilación de retratos a diferentes personalidades públicas que aparecieron en Por favor El Paísentre marzo y diciembre de 1987.

El autor inaugurará la última década del siglo xx con El amante bilingüe(1990, Planeta). Premiada con el Premio Ateneo de Sevilla, narra la doble vida de un hombre que ha sido engañado y abandonado por su mujer, tratando de reconquistarla haciéndose pasar por un charnego tramposo y variopinto. Marsé construye una sátira de la dualidad lingüística y social catalana, sus idiosincrasias y la hipocresía de las diferencias de clase.

Con El embrujo de Shanghai (1993, Plaza y Janés) volverá a centrarse en el contexto de la posguerra y con la corrupción de los sueños infantiles como tema principal. Novela de aventuras galardonada con el Premio de la Crítica de 1994, Fernando Trueba fue el encargado de trasladarla a la gran pantalla en 2002.

En 1997, Juan Masé recibió el Premio Juan Rulfo, máximo galardón de las letras de México. Un año más tarde, también sería reconocido con el Premio Internacional de la Literatura Romance de la Unión Latina.

El cambio de milenio trajo la publicación de Rabos de lagartija (2000, Areté), obra con la que se alzaría de nuevo con el Premio de la Crítica y, además, recibiría el prestigioso Premio Nacional de Narrativa. De sofisticada factura estilística, el universo del Guinardó es el escenario de una historia que ahonda en las obsesiones del autor y refleja como pocas la fractura y fricciones entre vencedores y vencidos en un tiempo lleno de cicatrices sin sanar.

Sus últimas publicaciones serán: Un paseo por las estrellas (2001, RBA); Cuentos Completos (2002, Espasa-Calpé); La gran desilusión (2004, Seix Barral), texto escrito en los años sesenta en el que ofrece una visión personal sobre los años treinta y cuarenta del siglo pasado; Momentos inolvidables del cine (2004, Carroggio); Canciones de amor en Lolita’s Club(2005, Editorial Lumen), bar de alterne de la periferia barcelonesa en donde se sitúa una relación a la que no le falta de nada: sexo, violencia, inmigración, terrorismo, etc y que ha sido adaptada al cine por Vicente ArandaCaligrafía de los sueños (2011, Editorial Lumen); y Noticias felices en aviones de papel (2014, Editorial Lumen).

Además, durante en ese último periodo ha sido galardonado con la Medalla de Oro de Barcelona al mérito cultural en 2002, el Premio Extremadura a la Creación Literaria de Autor Iberoamericano en 2004 y uno de los Premios Quijote de la Asociación Colegial de Escritores en 2006. El 27 de noviembre de 2008 recibió el Premio Cervantes, el mayor reconocimiento que un escritor hispano puede recibir.

Marsé, un referente de la literatura europea contemporánea

Al margen de los premios y reconocimientos, resulta indudable el impacto de su trayectoria como creador en las letras hispánicas y el cine español de los últimos cuarenta años. Nostálgico y crudo, vanguardista y valiente, irónico y crítico, fotógrafo en blanco y negro de la posguerra y de una Barcelona tomada por el franquismo, clasista y dual, estas son tan solo algunas de las huellas definitorias del vasto bagaje creativo que ha ido forjando durante toda su carrera.

Juan Marsé es, sin duda, un escritor que ha sabido encontrar un estilo propio, evolucionar y madurar siendo fiel al mismo, a sí mismo, lo que le ha llevado a ser un referente no solo de la literatura nacional, sino, además, de la literatura europea actual.