Un apunte para Halloween: Slasher

Un apunte para Halloween-Slasher

Slasher es un término informal que se traduciría al español como algo así entre «navajero» o «acuchillador», pero, además, es una palabra que sirve para definir todo un subgénero dentro de las películas de terror en el que el principal personaje suele armarse con algún tipo de arma blanca u objeto punzante o cortante. Sumado a esto, normalmente, se incluyen dentro del paquete asesino motivaciones psicopáticas o deseos de venganza extrema que se proyectarían, sobre todo, en víctimas adolescentes o jóvenes de sexualidad efervescente con elevadas tasas hormonales y abuso moderado de drogas psicoactivas como el cannabis o los estimulantes, ¿os suena de algo?

La ascendencia de este tipo de películas proviene de los años 60 del siglo pasado, en los que filmes como Psicosis (1960) del gran maestro Alfred Hitchcock, El fotógrafo del pánico (1960) de Michael Powell, Blood Feast (1963) de Herschell Gordon Lewis o, incluso, Dementia 13 (1963), primer largometraje en solitario del reconocido Francis Ford Coppola, explotaban el terror psicológico y los elementos del thriller, creando situaciones de fuerte impacto gracias a un ritmo rápido, violencia y giros argumentales. Por otro lado, el slasher también bebería de las cintas italianas de principios y mediados de los 70 dirigidas por personalidades del cine giallo —«amarillo» en italiano— como Dario Argento y Mario Bava, las cuales tienen una cierta tendencia a elementos psicoanalíticos y a abusar de la violencia hasta el punto de rayar el gore.

La gran mayoría de expertos coinciden que el origen de este subgénero tiene lugar a mediados y finales de los años 70 y señalan a la película de John Carpenter Halloween (1978) como la primera que reúne los elementos esenciales del mismo. Previamente, habían aparecido largometrajes como La matanza de Texas (1974) o Black Christmas (1974) que habían situado la violencia extrema en una muy buena posición en la taquilla, generando un panorama ideal para afianzar el éxito de la propuesta de Carpenter. La película nos presenta la historia de un enfermo mental, Michael Myers, encerrado en un psiquiátrico tras asesinar a su hermana mayor, del cual se fuga quince años después de su reclusión en la víspera de la noche de Halloween, comenzando una carrera de asesinatos oculto tras una máscara de fantasma.

Éxito entre el público juvenil, no tardaron mucho en generarse nuevas obras y secuelas a su estela, depositando en el imaginario colectivo una serie de imágenes de violentos villanos que aterrarían a toda generación. Entre ellos, Jason, cuya primera entrega, Viernes 13 (1980), dirigida por Sean S. Cunninghan, extenderá la maldición de Crystal Lake por todo el mundo y convertirá las máscaras de hockey en algo más que un accesorio deportivo, aunque en esta trama inicial aún no se encuentre desarrollado el personaje tal y como lo conocemos hoy en día. Más franquicias se aprovecharían del rebufo provocado por estas cintas: Prom Night. Llamadas de terror (1980), The Slumber Party Massacre (1982), Campamento de verano (1983), Noche de paz, noche de muerte (1984) o Clownhouse (1989).

Para los niños que crecimos en los 80 del siglo pasado, los campamentos de verano, las fiestas de pijama, los jerséis a rayas, las muñecas peponas o los payasos se tornarán siniestros y sangrientos gracias a estos largometrajes que trataban de explotar lugares y objetos cotidianos en perversos escenarios y máquinas del horror.

Junto con las dos sagas principales, merece la pena detenerse en dos creaciones del subgénero que marcarían el terror en esos años.

En primer lugar, tenemos la que posiblemente sea la obra maestra de Wes Craven: Pesadilla en Elm Street (1984). Craven conseguirá llenar de pesadillas los sueños de niños y adolescentes con esta cinta que explota precisamente eso, los sueños. Si tanto Michael Myers como Jason son dos crueles asesinos que se mueven entre las sombras, Freddy Krueger busca venganza sumergiéndose en las fantasías oníricas de los tiernos adolescentes, recreándose en sus temores y ansiedades con un humor negro mortal. Krueger reventará la taquilla y será el estandarte del horror entre los 80 y 90, protagonizando una larga saga y hasta una serie de televisión, lo que salvó a la productora, New Line Cinema, de la quiebra.

Pero el repaso al subgénero slasher no estaría completo sin hacer alusión a la saga protagonizada por el muñeco más despiadado de la historia: Chucky. Muñeco diabólico (1988) concentraría en la pequeña figura de un inocente juguete toda la maldad de un asesino en serie conocido como ‘El estrangulador de Lake Shore’ gracias a un ritual de vudú. De esta manera, el slasher no sólo se apropia de tu descanso, como era el caso de Freddy Krueger, sino, también, transforma el candor del compañero de juegos de un infante en una máquina de matar.

Entrado 1990, la saturación de títulos en el mercado y la falta de ideas hace que comience a decaer la producción de este tipo de largometrajes. Continúan exprimiendo las historias principales, pero su rendimiento en taquilla se ve disminuido considerablemente en favor de otros subgéneros. No se volverá a recuperar en popularidad y recaudación hasta la mitad de la década con motivo de la aparición de Scream: Vigila quién llama (1996). De nuevo, será Wes Craven el que dirigirá este proyecto y se convertirá en una saga millonaria compuesta de tres entregas, aportando uno de los más populares iconos del cine de terror. A este título le siguen otras propuestas famosas como Sé lo que hicisteis el último verano (1997), Leyenda urbana (1998) o Destino final (2000). Surge, asimismo, en paralelo una serie de parodias basadas en slasher dirigidas por los hermanos Wayans, la saga de Scary Movie (2000), que compartirán el enorme éxito del subgénero y explotarán los clichés del mismo.

Traspasado el umbral del mileno, la irrupción de las películas asiáticas de terror y la carencia de ideas dentro del sector, condujeron a las productoras a la realización de remakes y precuelas de las principales representantes del fenómeno, las cuales habían envejecido mal ante unas nuevas generaciones acostumbradas a todo tipo de efectos especiales digitales. Entre los títulos que se han vuelto a poner en valor se encuentran La matanza de Texas (2003), Negra Navidad (2006), Halloween. El origen (2007), Una noche para morir (2008), Viernes 13 (2009) o Pesadilla en Elm Street (2010), todas ellas, sin embargo, con relativo éxito por parte de público y malas críticas por parte no solo de los entendidos, sino, además, de su público original de los años 80.

A pesar de la carencia argumental, dramática y de recursos, el subgénero slasher ha conseguido posicionarse dentro del mercado adolescente y afianzarse como referencia de terror para varias generaciones que han crecido, disfrutado y, a su vez, se han aterrorizado con estas películas. No es casualidad que, en estas fechas en las que se celebra Halloween por todo el mundo, veamos aún sus huellas por toda la iconografía del terror internacional.